Echo la vista atrás y me doy cuenta de lo que he sumado, el saber no ocupa lugar...... Aquello de la templanza, lo de ver la paja en el ojo ajeno, respirar antes de hablar, meter un filtro entre el cerebro y la boca, esas cosas. Y las integras en tu manera de hacer.
Pero luego me encuentro con una amiga de hace años y sigo siendo la misma de hace taitantos años, paso un día con mis amigos de siempre y desintegro lo aprendido.... La templanza no existe y hay zonas frías y calientes, respiro lo justito para sobrevivir y vuelvo a no tener filtro entre lo que pienso y lo que digo. Y.... y me gusta ser yo, no haber perdido mi yo, ese del que estoy tan orgullosa, a mí que me gusta decir que conmigo nunca te vendrá la puñalada por la espalda. ¡Soy yo!
Y, bueno, eso será hacerse mayor. Eso y no necesitar ser más que nadie para ser yo.
jueves, 10 de marzo de 2011
YO EN ESTADO PURO
Etiquetas: mis historias, recuerdos
martes, 12 de agosto de 2008
7 cosas.....
7 cosas que me gustaría hacer antes de morir:
- Ver mil sitios que aún no he visto
- Ser madre
- Empezar la vida que estoy esperando que empiece ya mismo
- Reconciliarme con mi pasado
- Seguir descubriendo quién soy
- Conocer nuevas culturas, de aquellas que eliges tú conocer
- ..........
7 cosas que más digo:
- dimension data (jajaja)
- te quiero
- albertito
- yo no digo nada pero.... (jeje)
- no me jodas
- ¿vamos a la cocina?
- ¿sí o qué?
7 cosas que hago bien:
- hacer varias cosas a la vez
- escuchar (cada vez mejor)
- mandar... q mandona soy
- organizar viajes (personales, no hablo de trabajo)
- soñar
- buscar la felicidad
- hablar sin parar
7 cosas que no sé hacer:
- conducir
- mirar todo desde el lado positivo
- andar con tacones mucho rato
- estar sentada haciendo cero
- ser hipócrita (se me queda dentro y qué mal lo paso)
- aceptar las cosas sin intentar cambiarlas
- estar un día entero sin protestar (el inconformismo no es malo, ¿o sí?)
7 cosas que me encantan:
- Preparar detalles a la gente que quiero
- Hacer cosas fuera de la rutina para sentirlas como especiales
- Dormitar en la playa para que luego se me quede la marca de las gafas de sol
- Sentarme a hablar y recordar viejos tiempos con amigas de toda la vida
- El mar
- Dormir hasta tarde
- Estirar el brazo y encontrarle
7 cosas que odio:
- Que me obliguen a hacer algo (es que es tradicion)
- Los malos olores, o al menos raritos
- La gente que te hace sentir mal como deporte nacional
- Aburrirme
- Los libros que no dicen nada
- No poder estar ya en casita con mi niño ahora
- Por supuesto, el precio de los pisos
Etiquetas: buenas vibraciones, mis historias, recuerdos
domingo, 18 de noviembre de 2007
BLANCO
Blanco. Blanco y azul. Un blanco inmaculado que resaltaba su piel oscura. Y un azul cielo que le recordaba a ese cielo primaveral cuando el sol aún no calentaba demasiado, por la mañana.
Esa camiseta se la había visto puesta en otras dos ocasiones: parecía lycra, pero no estaba seguro, no lo podía estar. Y ese pantalón nuevo. O tal vez lo Había llevado alguna vez cuando salía con sus amigos; o con su novio... sí, novio; quizá tenía novio. O no. No podía saberlo. ¿Cómo iba a saberlo? La veía cada día, al ir y al volver de la facultad. Cada día. A veces sola, a veces acompañada de algún amigo o a miga. Pero siempre con esa expresión de seguridad y felicidad. Con paso firme. Y ese halo que la envolvía y que la hacía aún más bella. Así es como la veía.
La había descubierto hacía ya unos meses. Él llegaba tarde a la cafetería en la que trabaja y desde donde la había visto pasar desde aquel día. Iba corriendo, sin mirar a nadie. Y chocó con esa chica que doblaba la esquina con unos libros en la mano. Todas las hojas y libros cayeron al suelo. Ni se fijó en ella; se agachó automáticamente para recoger lo que había caído a la vez que ella también se inclinaba y le pidió perdón. Entonces, la chica le sonrió y le dijo “No te preocupes, yo también iba distraída... Esto me pasa por no llevar una carpeta o un bolso”. Fue en ese momento, mientras ella se mostraba así de agradable, cuando la miró a los ojos y se fijó en ella. Y le pareció guapa, guapísima. Su pelo era largo y negro, negrísimo, tanto que podría haber dicho que nunca había visto un pelo tan oscuro. Sus ojos y su sonrisa mostraban que era feliz o que al menos procuraba serlo; sus ojos marrones sonreían aún más que sus labios, que eran carnosos, pero no en exceso. Tal y como habría dicho aquel poeta, o aquel cronista de sociedad (nunca se sabe), la belleza de ébano más bella de cuantas había podido ver en su vida, su larga vida, el mundo.
Sí, tal vez exageraba. Pero, ¿acaso no exageran todos los enamorados al describir a su amada? Él también podía hacerlo. Si para los demás esa chica era guapa, para él lo era aún más.
Y desde aquel día la observaba cada mañana y cada tarde, cuando iba a la facultad de Químicas que había dos calles más abajo, y cuando volvía. Poco antes de las ocho de la mañana (parecía ser puntual siempre), él no atendía a ningún cliente. La miraba pasar y ya era feliz. Siempre con una llama en la mirada, que no era más que la felicidad, la seguridad en sí misma. O eso pensaba él.
Unos días con sus tejanos gastados y una camisa blanca o azul, y otros con una ropa mucho más elegante. Pero siempre igual de guapa. No podía haber un ser sobre la tierra más bello que ella.
Y una mañana la vio acercarse a la puerta de la cafetería, iba con una amiga suya, ya la había visto alguna vez con ella. Ambas se acercaban. ¿Qué hacía? Por fin había llegado el momento en el que él debía atreverse a hablar con ella, y tenía miedo, estaba nerviosísimo. Y de repente se le ocurrió que qué hacía un simple camarero con una chica que estudiaba en la universidad, que pertenecía a un mundo distinto, más culto. Él era poco para ella. Sin duda. Por eso, cuando las dos amigas se sentaron, él se limitó a servirles dos cortados. Después de eso, se marcharon.
- Lo siento, Nadja... Lo hemos intentado.
- Ya... ya he visto que no tiene mucho interés por mí, sino me hubiera hablado más. No habría sido tan borde... ¡Qué rabia!
- Eso te pasa por hacerte ilusiones, tía... Yo no me levantaba antes para ver a un tío ni loca... Ni daba una vuelta tan tonta...
- Bueno, mañana última oportunidad. Me pondré mi camiseta blanca y ese pantalón azul tan bonito. Si pasa algo, bien, sino no volveré a pasar por aquí más.
Y ese día, ella se puso “sus mejores galas”, con la ilusión de que ese chico alto y guapo le dijese algo, y él la observó, la admiró, como siempre. Inmóvil, camuflado por la barra. Como cada mañana. Pero al día siguiente no la vio. Ni tampoco al siguiente...
Etiquetas: amor, mis historias, recuerdos